Estaba recostada en una cama casi en el suelo, justo a un lado de la cama de mi señor, el no se encontraba en casa, pues había salido ya que lo habían requerido en su trabajo para unos asuntos pendientes, era sábado por lo que yo estaba libre de ir a la oficina, escuche abrirse la puerta
– ¡perrita! – grito desde el piso de abajo, estaba de buenas, por qué solo de buenas ocupaba ese diminutivo, rápidamente me puse en cuatro y fui a su encuentro, llegue lo más rápido que pude y me puse frente a él, veía sus piernas hasta las rodillas y ese era mi campo de visión siempre
– espero y terminaras todos tus deberes – le escuche un ligero tono de diversión, pensé en contestar pero me quede callada y en su lugar solo me acerque más a sus piernas como si fuera un gato, comenzó a caminar al comedor y fui tras el
– levántate y pruébate esto – ordeno dándome una bolsa de compras, rápidamente saque una blusa negra con un escote algo pronunciado, encaje en los brazos que eran completos y en su totalidad transparente ya que a él no le gustara que atrajera la mirada de todos los hombres pero que fuera provocativa, me la coloque sin sostén pues no había ordenado que lo usara y un pantalón color mezclilla claro, cuando termine de vestirme me coloque con las manos en la cabeza, abrí las piernas y baje la mirada
– me gusta cómo se te ve – comento rodeándome pero si te pones esto se verían mejor – argumento dándome una caja de zapatos, al abrirlos pude encontrar unos zapatos de tacón negro abiertos, los lleve a mis pies y los coloque, estos hacían que se pronunciara más mi trasero y las piernas tuvieran un mejor contorno
– ya que ensuciaras esa ropa si vas de cuatro por tu cadena, ve por ella y me la traes con la boca – golpeo mi trasero y avance un poco más rápido, llegue por ella, me incline y la tome con la boca, regrese con mi señor dándole la cadena, la sujeto al aro del collar que debía llevar todo el tiempo y me llevo fuera, no tenía idea de a donde iríamos así que comencé a ponerme nerviosa, me hizo subir al auto, en el lado del copiloto, atando mi correa a una pequeña argolla que había mandado instalar para cuando me sacará de paseo, era una noche fresca, abrió la ventana
– a las perritas les gusta sacar la cabeza por la ventana – no entendí si era un comentario o una orden así que me quede quieta – pero creo que las perritas no deberían dejarse ver… o ¿sí? – no había entendido lo último, solo pensaba en el lugar en el que posiblemente me llevaría, había tantas opciones, como si leyera mi mente comenzó – no te diré a donde vamos y tampoco lo sabrás, colócate esto sobre los ojos – me dio una antifaz muy parecido al que se ocupa para dormir – si veo que te lo quitas o que estás viendo te azotare, ¿entendido? – simplemente me lo puse lentamente
– quítate el pantalón – ordenó, sentí mi piel tocar el cuero de los asientos, me hizo abrir las piernas sin dejar de conducir y comenzó a jugar entre mis pliegues con sus dedos
duro haciendo esto aproximadamente 5 minutos, seguia con los ojos tapados cuando se detuvo, salió del auto y me saco del auto tomándome de las manos para no caerme, escuche de pronto el auto moverse y di un pequeño respingo al bajar del auto con los pantalones en la rodilla y el culo al aire – tranquila, todo está bien – escuche y me hizo calmarme.
– ¿crees que debas ir a cuatro? – y por segunda vez en el día no entendí si era una orden o simplemente un comentario para si en voz alta, no hice nada, me acomodo los pantalones después de darme un buen golpe en mi trasero, sentí el tirar del collar y camine lentamente para no caer
- son tres escalones – me dijo al sentir el primer escalón en mis pies, los subí sin problemas, escuche como toco a la puerta y espero a que alguien le abriera, tenía miedo, no sabía a donde me llevaba, no era predecible así que bien podíamos estar en cualquier lugar, ya vería a donde me había traído mi Amo
– Bienvenido Eric – escuche a un hombre decir – ya están aquí Stan, Andrew, Elizabeth, Rose y solo falta Jeremiah… pero ve que linda mascota tienes – a ese hombre no lo conocía, aunque algunos de los que había mencionado si habían estado en mi casa jugando con nosotros
– cuidado Darius – le advirtió divertido – ella es mi perra, creo que tú tienes más de una, así que cuidado con lo que dices y sobre todo con lo que miras – me hizo avanzar y una vez que se cerró la puerta me detuvo – de rodillas perra – me ordeno y lo hice sin chistar, baje la mirada y me quito el antifaz, mi visión tardo un poco en acoplarse a la luz de la habitación – avanza como la perra que eres – le seguí a cuatro, tratando de seguir su paso, sabía que no debía dejarle en ridículo o me iría peor que veces anteriores en el que solo le había desobedecido
Entramos a un salón donde varias personas lo saludaron, no me atreví a mirar así que simplemente seguí tras él, se sentó en uno de los sofás que rodeaban una mesa que imagine tendría las bebidas de todas estas personas – siéntate perra – me ordeno y me coloque en posición nadu mirando a sus pies sin estorbarle en nada – veo que también trajeron a sus mascotas – pregunto mi señor
– Si todos los trajimos pero… - comento una mujer – deberías de llevarla a donde están los nuestros – había sonado a una sugerencia, me imagine por un momento el referirme a mi señor como si fuéramos iguales, sería extraño.
– esta perra se queda aquí Elizabeth, es una perra caliente ¿no es así? – Pregunto levantándome la cabeza por el cabello, baje la mirada – quizá la encuentre siendo cogida por tu mascota – sabía que esa idea no le desagradaba del todo – bien perrita, a partir de este momento todos lo que están en esta sala podrán ordenarte, quieren ver lo buena que eres de mascota, me obedecerás en todo, ¿me has entendido? – no conteste pero si lo entendí
– Acércate perra – ordeno un hombre, no sabía qué hacer, mire levemente a mi señor buscando respuesta a esa orden, lo vi asentir y me acerque en cuatro a uno de ellos – ni siquiera mereces el que te llamen así, eres menos que una perra, una zorra, no eres nada, ¿has entendido? – no sabía qué hacer, así que me quede ahí hasta que me llegaran nuevas instrucciones
– ¿la compartirás? – Pregunto una mujer – después de todo siempre lo hacemos – argumento
– pienso hacerlo Elizabeth, ella es mía, pero... Por ser un día en el que me encuentro de buenas, será de quién la quiera, podrán jugar con ella...podrán utilizarla – respondió mi señor, se acercó a mí y comenzó a rasgar mi ropa hasta dejarme desnuda, para los pantalones se ayudó de una navaja negra que siempre guardaba en la cartera
– Que dicen si pasamos a lo que nos compete y nos divertimos un poco – dijo de pronto uno de ellos poniéndose de pie, todos se pusieron de pie y fueron a una misma habitación
– Camina perra – ordeno mi señor desde detrás mío, espere a que fuera primero él y fui detrás
Entre a una habitación donde ya hacían mujeres desnudas al igual que yo – ve y colócate junto a ellos – ordeno mi señor, lo hice y me puse en la misma posición que ellos, me pusieron un arnés, sujetaron mis brazos atrás de mi espalda, pinzas para pezones, una mordaza en mi boca y un antifaz en los ojos me impedían hablar o ver, escuche que tomaron a una chica, la castigaron y usaron.
Después de dos chicas fue mi turno, estaba muy mojada de tan solo escuchar lo ocurrido, tiraron de la cadena que colgaba de mis pezones y avance de rodillas hasta que me hicieron detenerme, me obligaron a levantarme y me colocaron en una mesa, tumbada boca abajo con las piernas tocando el suelo.
Comenzaron a tocarme, no sabía quién lo hacía pero me moví para sentir más, alguien me coloco un tapón anal, recibí un golpe con una pala en el trasero – esta perra en celo ha mojado mi mano – informo uno de ellos
– ¿Es eso cierto perra? – pregunto mi señor quitando la mordaza de mi boca, me limite quedarme callada hasta que sentí una bofetada, solté un pequeño quejido
– Mi señor, su perra lamenta haber ensuciado la mano de su amigo – no me atreví a moverme nada
El hombre llevo su mano a mi boca – límpiame perra – ordeno, comencé a limpiarle la mano con la lengua, tenía un sabor ácido y salado, a su vez sentí como azotaban mis nalgas con una pala, todos los golpes eran en el mismo lugar – marquen a esta perra como se lo merece –
El hombre que tenía en mi boca su mano, la quito, volvió a colocar la mordaza. Los golpes seguían callado en mi trasero, dolían mucho y quería que pararan al mismo tiempo que quería que siguieran
– Ahora si eres una perra –la que hablaba era Elizabeth – vamos Darius, follatela por la boca y tú Stan... Entra en ella, denle un buen trato a la perra de Eric –
– perrita deberías ver el perra escrito en tus nalgas – escuche decir a mi señor, alguien quito el tapón anal que estaba en mí, solté un gemido y recibí una nalgada antes de sentir el miembro erecto entrar por mi culo, antes de poder gemir otra vez un miembro que sabía diferente al de mi amo y era más largo aunque más delgado, entro en mi boca hasta mi garganta
– ¿la perra en celo lo disfruta? – preguntaban, odiaba no saber quién lo hacia pues la única voz que reconocía era la de mi señor y la de la señora Elizabeth, atestaron un golpe en mi espalda con un látigo, solté un gemido ahogado
– ¿te gusta lo que ves, Eric? ¿Te gusta ver a tu perra ser usada por tus amigos? – siguieron golpeando mi espalda, no tan fuerte como un castigo, me limite a disfrutar de lo que me hacían, era un mar de sensaciones, los dos miembros más los golpes eran un placer embriagador, comencé a moverme buscando mi placer sin ser consiente de esto, aunque no pasó inadvertido por mi Amo
– quieta perra, esto no es para que te vengas... No por ahora, hasta que dejes complacidos a tus nuevos amos y sus miembros satisfechos con tu culo y tu boquita sucia– ordeno
– vean a Eric chicos, está tan caliente de ver a su zorra ser cogida por ustedes que se está masturbando en lugar de usar a alguna de nuestras zorras... Tu – seguramente se dirigía a alguna de las chicas que estaban ahí – ve y complace a Eric... – escuché como la chica comenzó a gemir, seguramente en cuanto mi Amo comenzó a tomarla con brio
– Por favor mi señor – rogué en cuanto Darius apartó su miembro del fondo de mi garganta, no estaba segura si me entendía – permitan a esta perra terminar –
– te corres y te azotaremos, ¿has entendido? – trataba de no correrme y el tener los ojos tapados solo aumentaba mi deseo
Me hicieron ponerme de pie tirando de mi cuello, me tiraron al suelo y mi señor hablo – que dulce boca tienes, tómalo todo – subieron mis manos y las ataron a algo fijo en el suelo
– vamos a hacer que esta perra este más caliente, ¿no es cierto? – pregunto un hombre, sentí algo caliente caer en mi abdomen, comencé a tirar del agarre, el líquido caliente que ya había identificado como cera, caía sin piedad alguna
Un sonido metálico, un miembro dentro de mí y comenzó a andar, lo hacía a una velocidad lenta y dolorosa – mi señor... – dije gimiendo – mis señores... dejen a esta perra sucia correrse – seguían con la cera y el aparato – mi señor por favor... – no termine la frase cuando la maquina ya había aumentado su ritmo – por favor mi… - hicieron que fuera más rápido y comencé a gritar pidiendo que me dejaran correrme pues sabía que no aguantaría mucho más
– abre la boca perra – ordeno mi señor y su miembro entro a mi boca, lo presionaba más de lo normal, a él le gustaba por lo que se corrió más rápido en mi boca – muéstrame – abrí mi boca mostrándole el líquido en mi boca – trágalo – escuchaba a hombres y mujeres gemir y de repente sentí varios chorros de semen caer en mi pecho y abdomen
Se alejaron de mi con la maquina aun puesta, iba rápido pero no tanto como hacia un momento, pasados unos segundos sentí como el orgasmo me invadía
– esta perra se ha corrido – informo un hombre, aún estaba teniendolo cuando sacaron el miembro de silicón de mi por lo que me quedé a medias, acaban de dejar inconcluso uno de mis mejores orgasmos y en lugar de sentir alivio sentí una profunda frustración, de un momento a otro ya me habían soltado, subieron mis rodillas a un banco y mis manos en el suelo para dejarme con el trasero levantado, me quitaron el antifaz del rostro
– Perra desobediente – dijo mi Amo, se escuchaba molesto, lo había avergonzado frente a sus amigos – te voy a azotar perra, por ponerme en ridículo delante de mis amigos, ahora te daré 16 azotes y pedirás perdón, ¿me has entendido? – pregunto
No sabía si responder así que me limite a mirar hacia abajo
– te esperamos afuera – dijeron todos y los escuche salir – educa a esa perra – sus palabras le hicieron enfurecer un poco y después de 10 azotes mi trasero ya estaba rojo
– mi señor lamento ser una perra desobediente – terminaron los azotes y me llevo fuera de la habitación atada con la cadena y a cuatro – Darius ¿tienes un poco de arroz? – Pregunto – y algo de cinta – se lo dieron y me hizo levantar solo un poco para colocarlos en mis rodillas – bien, nos vamos –
-perfecto y para la próxima educa a tu mascota antes de traerla – comento Jeremiah
- claro que lo hare – dijo, estaba molesto, me saco de la casa y me llevo a cuatro hasta el auto, el arroz lastimaba mis rodillas y no traía ropa alguna – sube – me dijo abriendo la parte de atrás del auto, subí y me llevo a casa.
Subimos las escaleras y en lugar de llevarme a la habitación a dormir, me llevo a la mía, que era técnicamente la habitación de castigo, me hizo subir a la cama y me ato para no poder moverme, tomo un tapón y un vibrador, me los puso y comenzó el martirio nuevamente – así te quedas perra, hasta mañana –
Tarde en dormir y no pude hacerlo bien en los breves ratos en que logre dormir, el vibrador dentro de mi hacía demasiado, me causo 7 orgasmos, sentía mis piernas adormecidas, escuche el abrir de la puerta, no sabia que actitud tendría mi amo así que me quede en mi lugar, me desato y saco el vibrador
-acércate perra – baje de la cama y me coloque rápidamente en cuatro, llegue a sus pies – ponte de pie – lo hice sin chistar, sabía que estaba molesto, tenía algo en la mano, me coloco una especie de arnés en la cintura
-mi…mi señor, su perra… ¿puede preguntar qué es lo que le está poniendo? – pregunte nerviosa.
-es un cinturón de castidad zorra, ya que la perra se saltó las normas de su amo y lo dejo en ridículo frente a sus amigos, ahora te quedaras así un mes, para lo único que te lo podrás quitar será para bañarte o ir al baño, siempre vigilada por mí – lo cerro y aseguro – de ahora en adelante no podrás hablarme, a menos que te lo indique, siquiera para preguntar si puedes hacerlo, ¿me has entendido? – me levanto el rostro y me hizo mirarle a los ojos, no sabía si contestar así que simplemente me limite a asentir con la cabeza – eso les pasa a las perras desobedientes –

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