Estaba encerrada en mi jaula, que era donde me metían Dominic y Carlo cuando me castigaban. Mi última falla había sido correrme sin el permiso de Carlo, aunque, a decir verdad, nadie hubiese podido contenerse después de todo lo que me hizo. Las imágenes pasaron rápido en mi mente: su polla en mi coño bombeando con fuerza, su dedo en mi culo entrando y saliendo al ritmo de sus embestidas, y sus labios junto con sus dientes en mis pezones habían sido mi perdición, por lo que terminé castigada.
Ahora mi culo era invadido por un plug bastante grande que tenía una cola que rozaba mis pantorrillas, mi coño era cubierto por un cinturón de castidad que impedía que me tocara sin su permiso, mis tetas fuertemente sujetas por un sostén que las mantenía disponibles, así como firmes y mi boca ocupada por una mordaza con forma de polla pequeña plástica que invadía mi boca impidiéndome pronunciar palabra
Últimamente así me hacían dormir, totalmente llena, enjaulada y expectante a cualquier orden o deseo que tuviesen cualquiera de los dos amos que tenia
La jaula donde estaba encerrada no la podía abrir yo por lo que tenía que esperar a que alguno quisiera jugar conmigo, usarme para poder salir, para poder estar en otra posición que no sea en cuatro como un animal aunque a decir verdad no me desagradaba la forma en la que me trataban así
Hacía días que no me tocaban más de lo necesario, a veces solo me usaban ellos para su placer usando solo mi boca lo que no me generaba ningún "beneficio" placentero más que el servirles, otras dónde solo me llamaban, me hacían abrir las piernas y después de meter sus dedos en mi coño y ver cuan húmeda y receptiva estaba me mandaban a hacer otras cosas dejándome con ganas de ser follada, estaba sumamente caliente después de una semana así, ansiaba tener ese trato cruel y sádico de Carlo o la fuerza y rudeza de Dominic
De pronto la puerta se abrio, ví a Carlo, usando solo boxers dirigirse a mi
— vamos puta, te quiero en tu lugar — abrió la jaula y salí aun permaneciendo en cuatro, me dirigí a la entrada de esta misma habitación, conservando está posición y me quedé en aquel lugar donde tenía ordenado esperarlos
— Dominic llegó del trabajo y desea jugar, así que vamos a ver qué tan buena eres putita y si mereces un poco de nuestra atención — menciono Carlo mientras se escuchaba que tomaba cosas de la habitación y las acercaba a algún lugar
Dominic no tardó mucho en aparecer en la habitación solo con la toalla rodeando su cintura después de haber salido de la ducha, la habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por una lámpara cálida
— vamos puta ven aquí — escuché la orden y aún en cuatro me dirigí a los pies de Dominic
— las manos sobre los muslos, la espalda recta y sin sostener la mirada — la voz de Carlo cerca de mí me hizo temblar
Mi respiración era lenta, expectante, podía verlos hasta la cintura, de pronto sentí como manos expertas tomaron el plug y lo retiraron de mi culo, seguido del cinturón y por último la mordaza dejandome totalmente desnuda y vacia
— gracias Amo — mencioné al ver que Dominic caminaba despacio, con las manos detrás de la espalda, su voz era firme y calmada
— Desde este momento, sólo me puedes decir “si” putita, Entendido? —
— Sí Amo — respondí esperando por más indicaciones
Carlo por su lado, más frío, cruzado de brazos, ladeó la cabeza, podía jurar que estaba con una sonrisa viéndome frente a el de rodillas
— desde ahora, solo puedes decir “No”, si te atreves a decir lo contrario, tendras un castigo y no creo que quieras provocarme o si? — tomo mis mejillas y me hizo verlo por un leve momento
Estaba atrapada entre aquellos dos hombres literalmente de rodillas y sabía que no me dejarían tan fácil
Uno de ellos era fuego, el otro hielo y yo estaba justo enmedio
“Solo puedes decir sí.”
“Solo puedes decir no."
Dos órdenes que deberían parecer sencillas, pero aquí, con ellos no había forma correcta, solo decisiones y consecuencias.
— no Amo — ambos habían hablado, ambos tenían poder y no había forma de obedecer a los dos al mismo tiempo
— Error número uno — dijo Dominic impactando su mano en mi culo, el sonido de mi piel siendo azotada llegó a mis oídos cuando el ardor comenzó a formarse
— y apenas estamos empezando puta — dijo Carlo agachándose frente a mi con una sonrisa divertida en el rostro
Vi como ambos tomaron una fusta para caballos, podía oirlas romper el aire mientras jugaban con ellas en forma amenazante
— ¿Te sientes segura aquí? — pregunto Carlo, mi mente vaciló un momento, quería decirle que si, pero el ordeno que solo la palabra No salirse de mis labios
Si respondía no me aguardaba un azote de Dominic y si le respondía con la verdad complacería a Dominic pero faltaría a su orden por lo que el azote llegaría de igual forma pero por parte de Carlo
— No Amo — un chasquido seco resonó en la habitación cuando la fusta de Dominic impacto en mi piel, apreté los labios por el dolor causado y contuve un jadeo, pues a pesar de estar siendo castigada estaba sumamente caliente
Dominic avanzó, rodeándome como un depredador, haciendo sonar su fusta muy cerca de mi
— escuchaste eso Dominic, la perra dice que no está segura con nosotros — a pesar de que ellos sabían que era mentira se reían de mis respuestas
— es cierto perra, crees que necesites una mano más firme para sentirte segura? — pregunto Dominic rozando mis pezones con la fusta
— si Amo — un gemido salió de mi boca cuando el golpe en mi pezón llego
— ¿te gustaría que te azotemos putita? — pregunto Dominic quedando a la altura de mi rostro, era una pregunta que sabían perfectamente la respuesta, aun así fingí pensarla y después de soltar un poco de aire respondí
— si Amo — Carlo sonrió con calma, caminó hasta quedar a mi espalda y su orden fue sin levantar la voz
— demasiados si zorra, creo que si quieres ser azotada... postura de castigo — obedecí, me incliné dejando la frente en el suelo, mis brazos extendidos, palmas hacia arriba y el culo levantado para mis amos
La posición dolía no por el esfuerzo, sino por la humillación que implicaba el saber que a pesar de responder como me habían ordenado, a la vez estaba desobedeciendo
Los minutos se volvieron largos, me dejaron a la expectativa, no preguntaban, no hablaban, no hacían sonido alguno
— dame el número de azotes que mereces por tu desobediencia putita — ordeno Carlo al mismo tiempo que su mano masajeaba mi culo, lo frotaba con devoción
— no Amo — me azotó el culo con fuerza para después comenzarlo a frotar justo donde me había azotado
— dame el número de azotes que mereces por no contestarle a tu Amo — sentía como deslizaba la mano amenazante, sabía que me azotaría por "negarme"
— no Amo — un nuevo azote cayó en mi piel que seguramente comenzaba con ese enrojecimiento característico
siguió pidiendo que le diera el número de azotes por ser una mala zorra, pero lo único que podía salir de mis labios era ese no condenándome a más azotes que seguramente ya tenían mi culo de un lindo color rojo oscuro
— déjame intentarlo a mi Carlo — menciono Dominic después del golpe numero treinta
— diviértete — soltó una risa burlona y escuche como se apartó dándole el control a su hermano
— vamos a mostrarle a Carlo que conmigo si obedeces verdad puta? —
— si Amo — las lágrimas caían por mis ojos, esta tortura psicológica era interesante y nueva para mí, estaba obedeciendo y aun así sentía que fallaba en cada respuesta
— crees que Carlo no es capaz de tratarte como es debido? — cada pregunta era calculada, diseñada para que doliera cada respuesta y que el otro me castigara
— si Amo — cada “sí” traía un murmullo desaprobador, cada “no”, un suspiro frustrado y mi culo era el más perjudicado
— ¿A cuál de nosotros prefieres? — la voz de Carlo me hizo sentir un nudo en el pecho, no había nombres, no había opción a decir que mi devoción era para ambos, que los deseaba a ambos
— Contesta! y recuerda, solo puedes decir sí... o no — Dominic azotaba levemente mi trasero, mis labios se movieron, siquiera yo sabía que podía salir de ellos
— Sí... Amo — El silencio fue pesado en cuanto aquella palabra salió de mi boca, Carlo se acercó a mí, lo supe por qué me hizo levantarme y volverme a colocar de rodillas cuando tiró de mi cabello
— Fallaste la orden puta pero ganaste algo más valioso, mi atención completa — menciono acariciando mi mejilla por dónde rodaba una lágrima silenciosa
Había obedecido y fallado al mismo tiempo, la presión era mucha y la exitacion aún mayor, podía sentir mi coño húmedo y mi deseo de ser castigada y follada aumentaba en cada azote o amenaza
— Te estás entregando a mi en cuanto pronunciaste ese si, lo sabes? — pregunto Dominic
— Si Amo —
— ¿Y sabes que el haberme elegido te traerá consecuencias con Carlo? — trague saliva, deseando decirle a Carlo que también de haber podido lo hubiese elegido, que no era mayor mi preferencia por uno que por otro
— si Amo — un par de lágrimas rodaron por mi mejilla anhelando tener a Carlo también usandome, ambos eran mis dueños, les servia a ambos, los deseaba siempre a ambos pues siempre se complementaban
— Levántate puta — ordeno Dominic tomándome por el cabello y tirando de el — no me mires a los ojos hasta que yo te lo permita, entendido puta? —
— si Amo — me puse de pie con torpeza y me quedé con la mirada fija al suelo, mi campo de visión era más amplio ante la altura ganada por lo que pude ver un segundo par de pies, estaba Carlo sentado en el sofá, seguramente atento a todo el show
De la nada ví sus pies moverse, se acercó más a mi y con una mano levanto mi rostro, solo sonrió, ese tipo de sonrisa que no necesita alzar la voz para volverse amenaza en cuanto nuestras miradas se cruzaron
— Así que no me elegiste — murmuró inclinándose para susurrarme justo al oído
— lo siento Amo yo... — me interrumpió con un golpe en la mejilla
— veo que la puta aparte de no elegirme desobedece a reglas simples — lo dijo con los dientes apretados, sujetando mi rostro y a su vez dándome un mar de palmadas en los pechos que los hizo rebotar
— no amo... no amo... — mí no en realidad no era para que se detuviera, en realidad quería decirle tantas cosas, pero era lo único que el aprobaría que saliese de mis labios
— mejor — susurro antes de atraer mi rostro al suyo, me beso con rudeza, firmeza, tomando de mi boca lo que era suyo, su lengua jugaba con la mia, dominandola al igual que a mi
— la zorra debe tener el culo listo para tu polla Carlo — advirtió Dominic desde lejos
— es cierto eso puta? —
— no Amo — respondí aunque los tres sabíamos que esto era mentira, mi cuerpo estaba listo siempre para ellos
— Muy bien puta, entonces veamos que te puede hacer un Amo al cuál pareces no preferir — ambos reían disfrutando de todo lo que causaban en mi, como si hubiesen acordado de antemano lo que vendría.
— ¿Quieres que yo te folle? — pregunto Carlo bajándose el bóxer, tomo mi mano y me hizo rodear su polla
intente hacer caso omiso para no responderle así que solo me arrodille al mismo tiempo que lamí mis labios, estaba por meterla a mi boca cuando me detuvo por el cabello
— responde primero puta, quieres que te folle la boca? — me hizo verlo y sonrió pues sabía lo que estaba a punto de salir de mi boca
— no Amo — lo vi tomar su polla, la sujeto justo de la base y me la acerco a los labios, los abrí un poco más esperando que entrara, pero en su lugar solo golpeo mis mejillas con la punta y se alejo
— lastima puta, seguramente tendré que conseguir alguna zorra que si desee mi polla — quería decirle que no era necesario, que yo deseaba su polla más que cualquier otra cosa, pero me había hecho mentirle, quería gritarle que sí, que no podía respirar cuando lo decepcionaba, cuando no me follaba, cuando no me usaba, pero la regla era clara, debía decir no
— la puta tiene cara de querer cambiar su respuesta, no es cierto? — pregunto Dominic que estaba en el sofá sentado sin ropa masturbándose para conseguir su erección, de haber podido decir algo, le estaría rogando poder chupársela a ambos
— si amo — sentía mi coño palpitar, anhelando un poco de atención
— si Carlo te acerca la polla se la chuparas como una buena perra, hasta que se venga en tu boca putita? — quería gritar que sí, quería acercarme a Carlo y hacer que se venga solo con mi boca, pero no podía decir mucho, no podía aclarar que era lo que quería
— si amo — trate de calmar mi respiración que estaba agitada ante tanta provocación ante tanta excitación de que me follaran, del cómo me estaban usando y torturando con cosas tan simples
— bien entonces... — Carlo se volvió a poner enfrente de mí, tomo otra vez su polla para acercarla más a mi rostro — dime puta, me la chuparas? — pensé en decirle que si con solo un movimiento de cabeza o siquiera responder y solo hacerlo, meterla hasta el fondo y después aceptar el castigo por ser tan desobediente, pero también mi lado curioso quería saber hasta dónde llegaríamos con esta dinámica
— No Amo — respondí condenándome a la ira de Carlo, a las burlas de Dominic y a que mi coño se quedase vacío
— ¿Crees que soy un buen Amo? — pregunto con la mirada fija en mí, trague saliva, sus preguntas eran una trampa, cada una perfectamente elegida para doler y conseguir respuestas que jamás diría
— No Amo — y con cada “no” que decía me sentía aún peor, porque no me estaban negando hablar, me estaban negando decir la verdad
Carlo se acercó más si es que eso era posible, su voz era más baja ahora, casi un susurro privado
— ¿Te arrepientes de no haberme elegido? — Quería gritar, quería llorar, quería postrarme a sus pies y suplicar su perdón por lo que estaba a punto de decirle, pero lo único que podía hacer era obedecer
— No Amo — al decirlo me llevo a la cama, cargándome sobre su hombro hasta arrojarme al centro de la cama, se posicionó entre mis piernas, su prominente erección rozaba mi coño, primero comenzó a frotarse, sentía como la punta de su polla tocaba mi clítoris provocándolo y de una embestida entro en mí, la sensación después de días en los que solo fui usada por la boca fue intensa, mis uñas rápidamente atraparon su espalda que quedó marcada a su paso
— ¿Extrañabas ser follada? — su pregunta no hizo que su intensidad cambiará, me embestía con rudeza aferrándome
— no Amo — un golpe en mi mejilla me hizo calentarme aún más, lo veía apretando los dientes mientras sus estocadas comenzaron a ser aún más rudas, más intensas
— ¿Se te moja el coño cada vez que sabes que te vamos a usar no es cierto? —
— no Amo — en cuanto el no salió de mis labios un nuevo golpe en mi mejilla me hizo aferrar sus brazos, enterrando mis dedos mientas mis gemidos llenaban la habitación
— tu coño de puta dice otra cosa, escucha como suena cuando entra mi polla? — la mano de Carlo aferro mi cuello, sentí como comenzó esa falta de aire y a su vez mi orgasmo cada vez más cerca
— no Amo — quería correrme, quería terminar, pero no podía pedir permiso para hacerlo
— eres una puta muy mentirosa y caliente, lo sabías? — Carlo estaba cerca de llegar al clímax, lo sabia por como me hablaba, apretando los dientes, siendo mas rudo, mas agresivo, embistiéndome con mas agresividad y forzando a su polla a entrar lo mas al fondo posible de mi coño
— no Amo — le dedique una sonrisa provocativa
— pues lo eres, una puta que esta ardiendo por dentro mientras me miente con mucho descaro no es verdad? — dijo devolviéndome la sonrisa, metió un par de dedos en mi boca, me hizo chuparlos
— No Amo — esta respuesta apenas fue entendible por sus dedos, aunque a decir verdad me hubiese gustado más que se tratara de la polla de Dominic
— quieres que siga follandote? —
— no Amo — respondí molesta por que sabía lo que vendría a continuación
se quedó quieto frenando el ritmo de golpe, mi piel parecía arder, mi respiración agitada llena de frustración por el orgasmo que no llego, mis piernas temblaban
— ¿que sucede puta? ¿Te quedaste con las ganas de tener un orgasmo? — me miraba con diversión
había estado tan cerca, tan absurdamente cerca que parecía que casi dolía
— no Amo — hubiese querido suplicar, pero no debía, no debía decir mas que no
— ¿Te parte decir que no cuando todo tu cuerpo grita que sí puta? — lo vi recorrerme con la mirada como alguien que sabe que cada centímetro mío le pertenece
— si Amo — El “sí” se me escapó, no fue fuerte, no fue orgulloso, fue un susurro, apenas una grieta entre dientes, pero suficiente para romper la regla, aunque a decir verdad ya no importaba, no podía seguir mintiendo
— no aprendes — susurro antes de bajar de la cama y dejarme a la expectativa de lo que pasaría a continuación
Comentarios
Publicar un comentario